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escrito por David Laguillo
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viernes, 13 de febrero de 2009 |
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Ahora más que nunca, en los tiempos
de crisis que se viven, conviene agudizar el ingenio. Para realizar
buenas fotografías en muchas ocasiones no es necesario
disponer de un gran equipo o un estudio fotográfico montado
con las últimas -y carísimas- novedades.
Bricomanía fotográfica para tiempos de crisis
Con fondos sencillos, o pintados con creatividad, podemos conseguir
buenos degradados, isolados o fondos de contraste para retratos. La
iluminación es siempre un poquito más compleja, pero
con un esquema de dos o tres focos de luz también se pueden
conseguir buenas imágenes.
Y claro, también tenemos el buen recurso a la
"bricomanía" fotográfica, que además de
proporcionar ahorro, nos divierte y nos entretiene mientras
construimos manualmente un buen y artesano accesorio para nuestra
cámara.
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escrito por David Laguillo
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viernes, 08 de agosto de 2008 |
Escrito por David Laguillo, publicado en la revista de comunicación y marketing "IpMark"
Las mentes, a
veces, también se nos quedan ancladas en el pasado, viviendo felices en su
recuerdo del tiempo, configurando una galería de recuerdos amarillentos o
sepia, relacionados con antiguos conceptos o modos de trabajar y de enfrentarse
a los cambios y evoluciones. Todos, en ocasiones, necesitamos reciclaje. No
solamente el cartón, el vidrio o el plástico pueden ser reutilizados tras sus procesos de transformación
adaptativa, sino también nuestros propios conceptos en ciertos momentos
desfasados.
La fotografía de
archivo sufre en estos momentos una profunda revolución: los contenidos
generados por el usuario. Lo que hasta hace unos años era fuente de ingresos
constantes para multitud de fotógrafos especializados en este segmento concreto
del mercado fotográfico ahora supone mucho más esfuerzo.
Lo que resulta
difícil negar es que, hoy en día, con la irrupción de las nuevas técnicas
digitales y la popularización de cámaras fotográficas de excelente calidad por
unos 800 euros, o menos, el volumen de imágenes de calidad y perfectamente
válidas para usos profesionales ha aumentado considerablemente. Si el nuevo
ejército de fotógrafos amateur o de domingo consigue trabajos de extraordinaria
calidad con sus cámaras de aficionado o "pro-sumer", y además consigue
incluirlos en comunidades o agencias de venta en micro precios, todo ello
supone una seria amenaza para algunos profesionales que, en ocasiones,
proporcionan imágenes de similar o incluso inferior calidad disponibles a la
venta a precios muy superiores.
Las fotos a medio
euro y el contenido generado por los usuarios, sumado a otros fenómenos no
fotográficos relacionados con el vídeo u otros soportes, parecen haber llegado
al segmento de la fotografía de archivo para quedarse un buen tiempo.
El enemigo -en cursiva, porque no lo es en
realidad- es muy numeroso, poderoso e, incluso, creativo. ¡Quién lo diría! El
reto para el antiguo profesional, quizá no actualizado a sí mismo o en sus
propios conceptos a una nueva versión 2.0, es demostrar y asombrar a su
anterior mercado de clientes y agentes: porqué es profesional, porqué es
diferente y porqué sus imágenes merecen ser compradas (ya sea por su calidad,
su creatividad o su estilo marcado).
El reto tiene una
doble vía, ya que no solamente el propio profesional, perro viejo en la
profesión, debe demostrar su valía y su capacidad de producción y adaptación al
mercado, sino que el ejército de usuarios armados con sus cámaras digitales
también se va reciclando y aumentando su pericia.
Este ejército no
es una masa sin conciencia, sino que está formado por multitud de individuos
particulares extremadamente ansiosos de mejorar, aprender, evolucionar y
producir cada vez más y mejores trabajos.
Ambos retos,
relacionados con la evolución, mejora personal y adaptación a los cambiantes
gustos y requisitos del mercado, deben ser afrontados con valentía y asimilando
que ambas comunidades -el fotógrafo profesional que se va auto reciclando y el
aficionado- pueden convivir, pueden coexistir. Hay que desechar un
enfrentamiento inútil que, a corto plazo, solo impide a unos y otros conseguir
mejores imágenes.
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escrito por David Laguillo
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miércoles, 06 de agosto de 2008 |
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Escrito por David Laguillo, publicado en la revista "Anuncios" (Semanario de Publicidad y Marketing)
No hay duda de
que cada estilo de anuncio tiene su aplicación y su utilidad. Por ejemplo, los
anuncios de detergentes o la iconografía de los carteles de helados. No se
trata de menospreciarlos, pero sí podemos entenderlos como estereotipo visual
de un determinado y clásico estilo del uso de la fotografía.
Sin embargo,
desde hace ya algún tiempo, hay gran cantidad de campañas que han abierto sus
expectativas a materiales gráficos mucho más arriesgados y rompedores que los
que representan ambos estereotipos, trayendo a la nueva publicidad un cierto
aire de renovación gráfica gracias a imágenes de toque más abstracto y
conceptual.
El estilo estereotipado,
a veces y dependiendo del tipo de cliente, campaña o producto, no encaja en
algunos fines publicitarios y su nuevo estilo. Al mismo tiempo que cambia la
publicidad en su fondo, también evoluciona la imagen utilizada para dar forma a
la publicidad gráfica hacia cambios en el mismo estilo y sentido.
Las imágenes
conceptuales o artísticas tienen, en ocasiones, un gran valor para los
publicitarios que quieren elaborar una campaña con un nuevo estilo y un
diferente modo de transmitir el mensaje. Representar o evocar de modo artístico
un concepto relacionado con el producto o la campaña, mucho más allá de la pura
plasmación descriptiva usando fotografías “normales”, tiene en ocasiones un
indudable y generalmente positivo impacto sobre la campaña.
A veces, para
conseguir un aspecto mucho más cercano o casual de las imágenes se puede
recurrir a trabajos realizados por aficionados o, incluso, por los propios
creativos publicitarios. En otras ocasiones, sin embargo, se encarga a
profesionales trabajar y elaborar la imagen imitando el estilo mucho menos “formal”
o “tradicional” en cuanto al concepto clásico de fotografía de archivo o
publicitaria.
Existe una
puerta abierta a imágenes mucho más conceptuales y abstractas, de valor
artístico a veces superior a las imágenes tradicionales en publicidad, y con un
impacto mayor. Por ese motivo, estas imágenes que hace años eran más difíciles
de comercializar tienen ahora un hueco, quizá más pequeño, pero real en el
mercado.
El fotógrafo con
un estilo personal, marcado y abstracto, que no olvide un determinado “toque”
comercial, tiene abierta esta parte del mercado. Incluso existen archivos
fotográficos especializados en material de esas características, lejos de los
estándares habituales de la fotografía de “sonrientes familias bajo el cielo
azul”. Hay plaza para muchos estilos, es un mercado muy abierto y con gran
capacidad de adaptación.
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escrito por David Laguillo
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lunes, 28 de julio de 2008 |
Escrito por David Laguillo, publicado en la revista "Interactiva"
La irrupción de la tecnología digital en fotografía ha cambiado del todo el panorama de la profesión. Plantas de película química que se cierran, grandes marcas de la fotografía que afrontan serios problemas económicos...En fin, que quizá debamos afrontar con el mayor de los optimismos posibles que, en fotografía, concretamente en fotografía de archivo, igual que en la vida, todo cambia.
La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Lo mismo ocurre con los mercados. El hecho evidente de que, en la actualidad, miles de fotógrafos amateur sean capaces de hacer con sus cámaras digitales fotografías de excepcional calidad técnica lleva a la conclusión lógica de que la irrupción de toda esa producción tendrá un impacto indudable en el mercado.
La fotografía "de archivo" se ve afectada por los contenidos generados por el usuario. Muchos profesionales del sector de la fotografía de archivo, anclados mentalmente en modos de hacer del pasado, se sienten amenazados por la ingente cantidad de imágenes que se ofrecen "a medio euro". Pero el bajo precio no significa, necesariamente, baja calidad: en muchas ocasiones, el material comercial fotográfico ofrecido tiene calidad más que suficiente para los usos habituales de la fotografía "de stock".
Los nuevos aires que lo digital y el nuevo "ejército" de fotógrafos armados con sus flamantes cámaras digitales han traído parecen competir con el profesional de siempre.
Y es éste último, el profesional, quien debe esforzarse en mejorar y diferenciarse del resto, ofreciendo al mercado volumen de producción de imágenes y calidad creciente, combinado con estilo diferenciador o personalidad propia en las imágenes que impacten al cliente y sobresalgan entre el resto de "simples instantáneas".
Para el cliente, el nuevo sistema tiene ventajas indudables de cara a la reducción de costes de material gráfico, así como en la mayor facilidad de rotación de los contenidos, gracias también al bajo precio.
Al fotógrafo que aprendió, como la gran mayoría, a revelar sus propias imágenes en cuarto oscuro a base de prueba error y experimentación, todo su bagaje y su conocimiento del mercado le sirven para enfrentarse al reto del futuro, que no es otro que adaptarse y mejorar para seguir produciendo impactantes y maravillosas imágenes que, en ocasiones, el aficionado medio puede estar lejos de soñar alcanzar...
Pero cuidado, que los fotógrafos amateur van mejorando y algunos han dado ya sobradas muestras no solamente de conocimientos técnicos (necesarios, sin duda), sino también de talento. Y mucho.
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escrito por David Laguillo
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miércoles, 25 de junio de 2008 |
A estas alturas, cuando ya llevamos mucho tiempo, quizá demasiado, con la fotografía digital habiendo ganado la batalla, llevo ya varios días sintiendo nostalgia de la película fotográfica y la fotografía analógica tradicional.
Cada día le descubro nuevos fallos y problemas al sistema digital: incompatibilidades, falta de unidad y de sistemas estandarizados, errores extraños en las cámaras, errores extraños en los objetivos, errores en los programas, etc.
Nunca jamás una de las múltiples cámaras que he podido usar, con su tradicional película cargada, me dio tantos problemas como las cámaras digitales actuales. Errores de comunicación entre la cámara y el objetivo, errores de lectura o escritura de las tarjetas, y muchos otros errores más, cada uno más pintoresco que el anterior.
Es cierto que, cuando todo funciona bien en la fotografía digital, es muchísimo más cómoda, limpia y sobre todo adaptada a los sistemas de trabajo actuales. Pero por desgracia no siempre todo funciona bien. Son muchos los factores que juegan y muchas veces fallando solamente uno de ellos, empiezan los graves problemas.
Lo más grave para un fotógrafo, en un reportaje periodístico o evento, es que la cámara no funcione y no te permita hacer fotografías. Eso nunca me pasó con las diversas cámaras analógicas -mientras tuviera suficiente película y batería, la cámara funcionaba siempre-, pero sí me ha sucedido, en varias ocasiones, con equipos digitales, por una u otra causa.
Además, otro factor resulta desconcertante: da la sensación de que la fotografía digital nos ha convertido a los fotógrafos más en informáticos o una extensión del ordenador que en fotógrafos.
Todo esto lleva a un sentimiento de añoranza nostálgica hacia la fotografía analógica de película, y su rudimentaria, pero probada, eficacia. Y cierto toque de romanticismo, también nostálgico, en el proceso de revelado y positivado.
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