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escrito por David Laguillo
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miércoles, 11 de agosto de 2010 |
Fotografía: Louis Jacques-Mande Daguerre, Boulevard du Temple (1838)
C on la velocidad a la que vuelan los avances tecnológicos, algo que hoy es el “no va más” o el estándar dentro de un determinado sector puede dejar de serlo con asombrosa velocidad.
El encanto de rebuscar en las cajas con fotografías guardadas es
difícilmente comparable a la frialdad de las búsquedas digitales
Cuando rebuscábamos viejas fotografías en nuestras cajas de fotos, buceando entre nuestros recuerdos o entre recuerdos ajenos, de personas a quienes nunca conocimos, sosteníamos entre nuestras manos el preciado soporte fotográfico de las imágenes impresas en papel. El encanto de rebuscar en las cajas con fotografías guardadas es difícilmente comparable a la frialdad de las búsquedas digitales. Marchitos, amarillentos o arrugados, en ocasiones eran soportes fotográficos impresos con muchos años de antigüedad, pero ahí seguían, mostrando ese pequeño trocito de recuerdo tan importante.
Sin embargo, la era digital nos ha aportado, por partes iguales, novedades interesantes pero también algunas incertidumbres. Los formatos y soportes digitales evolucionan y cambian con tanta rapidez que no resulta raro pensar que dentro de pocos años muchas de nuestras fotografías puedan no ser visibles, al no existir aparatos o lectores compatibles. ¿Que será de nuestras fotografías grabadas en CD? Es posible que, igual que sucedió hace años cuando los ordenadores dejaron de traer disqueteras, también pase igual con el CD.
tan volátiles como una nube de bits, que viene y va, pero a veces no se queda y difumina nuestros recuerdos
Nuestros recuerdos, entonces, al no disponer de lectores compatibles, se convertirán en sombras fantasmales, como el protagonista de esta imagen, tomada en París por Louis Jacques-Mande Daguerre en 1838, en el Boulevard du Temple. Esa sombra, creada por el largo tiempo de exposición necesario para lograr impresionar los primeros soportes fotoquímicos, puede representar nuestra historia vital registrada en imágenes digitales, en ocasiones tan volátiles como una nube de bits, que viene y va, pero a veces no se queda y difumina nuestros recuerdos.
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escrito por David Laguillo
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miércoles, 30 de junio de 2010 |
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L a gran red de redes, Internet, nos ha traído nuevas e interesantes cosas, como la rapidez y el gran flujo de información, pero no todo es positivo. Ahora, cualquiera pretende ser experto en todo.
Internet crea falsos expertos
Y no todas las informaciones tienen el mismo valor.
Incluso hay gente que se diagnostica en temas sanitarios usando tan sólo los comentarios que encuentra en Google sobre sus dolencias.
Además, por culpa del “copia-pega” y del uso, o más bien abuso, de cualquier foro o lugar lleno de letras para “informarse”, cualquiera puede ser experto en todo.
E incluso hay quien hasta les da las gracias por su “sabiduría” o su “consejo experto”. Expertos ¿en qué? ¿En copiar y pegar?
Internet crea falsos expertos y la peligrosa sensación de que todas las respuestas a todas las preguntas de cualquier disciplina o campo pueden encontrarse en la red.
El copia-pega está consiguiendo difuminar en ocasiones el concepto de la originalidad y la fuente.
En muchos casos, conseguir llegar a localizar al autor o fuente original de un determinado texto, puede ser un trabajo realmente difícil. En otras ocasiones, muchos blogs se componen de textos copiados de otros, sin ninguna aportación propia.
En los casos más graves, incluso el “copiador” se permite el lujo de argumentar contra el verdadero experto, el que sí sabe de lo que habla, y no porque lo haya leído u oído por ahí.
El copia-pega está consiguiendo difuminar en ocasiones el concepto de la
originalidad y la fuente
En determinados momentos, se ningunea al verdadero experto y se concede más valor al “yo creo”, “a mí me parece”...confundiendo los conocimientos con las valoraciones de menor interés.
Los verdaderos expertos en muchas ocasiones terminan aburridos de leer y contestar a tanta insensatez escrita en Internet, y es posible que no participen demasiado en según qué tipo de lugares.
Así pues, es interesante pensar varias veces antes de concederle valor a cualquier tipo de valoración o comentario visto en Internet. Conocer las credenciales de quien escribe ayuda a poner en valor las opiniones y gradúa los conocimientos del opinante.
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